martes, enero 03, 2012

Anécdota año nuevesca.


El 31 de diciembre decidí que ese era un día de darme gustos, de ser fiel a mí misma y de simplificarme la existencia.

He tenido su número telefónico guardado durante los últimos 12 meses. Lo he tenido guardado sin saber muy bien porqué, pero ahí estaba. Cuando llegó el nuevo año no pude sino acordarme de él y recordarle hace un año exactamente: Entre mis brazos. Fue entonces cuando decidí hacer uso de ese número telefónico por primera vez, con algo muy simple pero que los dos sabemos: significativo.

Él no tenía mi número, nunca se lo di. Tampoco quería tuviese la posibilidad de escribirme; sobre todo, porque sabía no lo haría y no quería deprimirme ante el hecho de que no me pensaba. Aun así, sin haber tenido mi número y con un simple “Feliz año, querido”, supo que era yo. Me respondió a sabiendas de con quien hablaba, recordándome una imagen que compartimos el pasado año nuevo y llenándome el alma de una mezcla de alegría y nostalgia.

No puedo decir que me hiciste la noche, tampoco puedo decir que la arruinaste. Pero ciertamente, valió oro para mi esa corta conversación, una conversación que me llevó de vuelta 365 días y que me dejo el buen sabor de boca de que con solo decirte Querido, supiste que era yo… O quizás esperabas mi saludo, eso nunca lo sabré. 

Victoria B.

Reivindicaciones a inicios de año.


Últimamente no público nada porque no sé cómo expresar una sola cosa de las que pienso. Digamos que no creo tener mucho que contar y mi creatividad está en cero.
También suelo exigirme a mí misma publicar cosas de un extenso considerable, o lo que yo llamaría: respetable.
Pero perderé todo respeto por los momentos, y publicaré lo que escriba, así sea corto… porque el blog está muriendo a pasos agigantados y no dejaré que eso suceda. Y si para lograrlo, tengo que reestructurar la forma en que se manejan las cosas por aquí, pues bien sea. Estamos en época de cambios (por la cuestión del nuevo año y toda esa broma) así que tómenlo como algo bueno, es solo una manera efectiva de estar presente.


Victoria B.

sábado, diciembre 31, 2011

Pequeño 2011 y Feliz año.



Sé que llevo un tiempo considerable sin postear nada. Sé que el año pasado hice un recuento de fin de año con el que quedé satisfecha. Pero eso no se repetirá hoy, y tampoco me pueden culpar por querer llegar el día de hoy a hacer el último post del 2011… por que sí, al final soy casi tan necia como todos ustedes con lo que respecta a este último día.

Confieso este último mes ha sido de recuerdos, me alimento de ellos a la vez que me cuesta creer hayan pasado 365 días desde que sucedió. Quien me sigue en twitter habrá visto mis comentarios, comentarios en los que recuerdo “hace un año”…: Te volví a conocer; salimos a comer italiano; fuimos al cine; te hice reír en un momento de perros; me abrazaste en medio del llanto; fuimos a McDonalds; estuvimos en 100 montaditos; llegué con corte nuevo… y hoy, hoy será/sería EL día. Todos mis recuentos han sido promovidos es por ese momento. Hace un año que te pienso, joder.

Hoy me he despertado, y después de semanas sin colarte en mis sueños, ahí habías estado. Te colaste una vez más, has hecho mi último sueño del 2011 todo tuyo.

Entonces vemos que mi 2011 empezó, como quien dice, con el pie derecho. Fue un año que siguió viento en popa a lo largo de sus 12 meses.

Dejé España y volví a Inglaterra, para terminar una relación que no servía y conocer a mis argentinas adoradas que hicieron de mi segunda estadía en Bedgebury lo más. Luego Edimburgo, hermoso viaje de mochilera por mi cuenta, para regresar y enamorarme de Londres como no lo había logrado hacer antes. Llegué a un homestay con una familia a la que en ese momento no logré apreciar todo lo que se merecían.

Conocí, además, a quien considero uno de los mejores profesores que he tenido, a quien aprecio muchísimo y de quien siempre me acuerdo, peculiar como él solo. Poco después me fui al Eurotrip con mi madre, conocí varios países de Europa y quedé, una vez más, realizada. El último día de ese viaje, fue la última vez que le vi en persona y siento ese abrazo no fue suficiente para cubrir todos estos meses en ascuas.

Volví a Inglaterra, múltiples cosas salieron mal, pero como siempre, las resolví de alguna manera. Lo que me llevó a vivir de nuevo con mi antiguo homestay. Esta segunda época en Londres fue mil veces mejor. La disfruté de maneras inenarrables e inolvidables. Todo para volver, el 30 de Junio, a Venezuela.
He vuelto al tercer mundo y me he encontrado con el país que recordaba pero al que ya no estaba acostumbrada. Me he reencontrado con amistades a quienes extrañaba asquerosamente pero a las que no les lograba dar los abrazos sentía por dentro. Han venido entonces, tres meses sin dar golpe, tres meses en los que, básicamente, estuve de vacaciones.

El 10 de octubre ha empezado mi propio e ilógico cuento de hadas. Ese fue el día en que formalmente empecé la universidad. Ese es el inicio de El mayor motivo para mis alegrías este año. Comencé para darme cuenta que el derecho no es tan perfecto como lo creía pero comprobar aún así me fascina. Comencé la carrera y mi humor mejoró del día a la mañana, me encontré con 6 materias que además de sacarme canas, me realizan como persona, y entré para darme cuenta, de que como yo, hay muchos sienten la misma pasión. Y eso no puede sino darte energías para salir adelante, pues sabes que el futuro no pinta tan oscuro como nos lo dibujan a diario.


Este año he dejado atrás algunas amistades, pero en comparación a las que retomé y a las nuevas que hice, voy ganando por un porcentaje jodidamente alto. En el 2011 he conocido a personas grandiosas, he hecho amistades que sé estarán ahí, sino por toda la vida, por muchísimo tiempo más. He aprendido tanto de esas personas, que no sé cómo agradecerles individualmente y hacerles saber a todos lo importantes que han sido y los grandísimos aportes que han hecho para que yo sea quien soy.
Están, además, todas aquellas otras personas que han perdurado años en mi circulo de “amigos” -conocidos cercanos, quizás-. Que vamos, el que sigan ahí todavía, creo es prueba suficiente de lo importantes que pueden ser para mí.


Siento que, además, el 2011 me ha cambiado muchísimo como persona. Y he de decir que estoy jodidamente feliz con la Victoria que soy hoy (Confieso aún hay algunas cosas quizás debamos solucionar, pero nada urgente). Sé he cambiado como persona, la forma en que percibo todo a mi alrededor, mis reacciones a las situaciones que me ha presentado la vida, e incluso, mi forma e vestir.


Quiero agregar, que dejar atrás este año tan bueno, para pasar a un año bisiesto al cual desconozco por completo, me da un tanto de miedo, y al mismo tiempo, emoción por ver que me depara el 2012. Esperemos sea tan bueno como este que dejamos atrás, esperemos sea incluso mejor.
Por los momentos, yo me retiro, me largo con este sneak peak de lo que quizás será un post elaborado en el futuro y con la promesa de que el próximo año (preferiblemente a principios del mismo) añadiré aquí los links a los posts pertinentes.


Me voy con mi cantar a otros lares. ¡Y les deseo a todos (valga la pavosidad de la frase) Un Feliz 2012 y el mejor de los cierres del 2011!


Victoria B.

viernes, noviembre 18, 2011

Bizarradas III.


Hace muchísimo tiempo que no me ponía a escribir. Y es que estoy hasta las trenzas con los estudios, pero ya esta bueno de no darme tiempo para mí misma y de no darme tiempo para hacer catarsis. Luego me toca estudiar y no soy capaz de concentrarme con nada. Adelanto que este post será bastante personal y de paso, desorganizado, así que si son de aquellas personas que no soportan un zarpazo de ideas sin conexión coherente, les recomiendo que esperen al próximo post, el cual no prometo que venga pronto. 
Y para aquellos que no les gustan los posts largos, este tampoco es el más indicado para su persona. 


No he escrito nada de mi universidad. Recuerdo que el año pasado, en esas tres semanas que estuve, posteé un montón acerca de mis nuevas experiencias. Supongo que hay varios factores influyentes. Por ejemplo, como me iba, no tenía  de verdad que leer nada ni preparar materias, estaba ahí de hobbie; aparte, estaba jojotica con el blog, la emoción de mantenerlo siempre al día era increíble.

Ahora que lo pienso, eso fue hace aproximadamente un año, pero parece haber sido hace muchísimo más tiempo. Y al mismo tiempo cosas que sucedieron contemporáneamente, parecen haber sido hace tan solo un mes.  Siempre me ha parecido curiosa la forma en la que los humanos percibimos el tiempo.

Bueno,  iba  a por lo de la universidad, que sí, me tiene sin vida. Pero por más ñoña que suene, me encanta. Me fascina ir a clases de lo que me gusta y aprender todos los días cosas nuevas. Siempre he tenido esa hambre insaciable por conocimiento; y que al alimentar mi mente, lo haga con cosas que me gustan, no tiene precio.

Durante las primeras semanas, mis actividades extras se limitaban a preparar las clases, investigar extra o leer algunas cosas que sabría que tendría que leer para exámenes futuros. Claro, luego ya todo dejo de ser una guachafita. La próxima semana tengo mis dos primeros parciales, de los cuales confieso que solo presentare uno, porque no logré preparar la materia del segundo. Ya presentaré en la segunda oportunidad que es en diciembre, semana para la que tendré entonces tres exámenes. (¡Buena esa campeona!) La buena noticia, es que dos de ellos son de materias sumamente sencillas y el tercero, que es el que me tocaría el próximo  miércoles, que resulta ser una jodida materia filtro :) #ShameOnMe.

Amo a mi profesor de Romano I y Constitucional, de verdad que lo amo.  Veo clases con Tulio Álvarez y GRACIAS control de estudios por ignorar mis propuestas se sección. El ir saltando de sección en sección y de salón en salón lo vale. Claro, se supone que tendría que tener clases de Constitucional con Enrique Tejeras Paris, pero bueno, que el señor se ha retirado y Tulio está haciéndole la segunda, dándole clases a 140 personas más como un favor. Ese hombre es un santo. De todos modos, el doctor Tejeras ha asistido a un par de sesiones en la cual hacen una especie de clase colegiada. Que por cierto, el día de ayer me tocaba otra de esas clases, pero gracias a los anarquistas, chavistas resentidos que andan con disturbios en la uni, no he tenido clases. Malditos. Los odio, los odio a todos.

Ese es otro tema que ¡agh! Es la impotencia que sientes al ver como suceden estas cosas en tu universidad, y no puedes hacer nada. Aparte, sientes que no se están tomando suficientes medidas. Y que no entiendo que se gana suspendiendo las clases. No hay mejor manera de combatir a estos grupos que siguiendo con clases, no como si no pasara nada, no, sino demostrando que no se les tiene miedo y que no pueden detener al estudiante que realmente quiere estar ahí. El día martes, en clases de Civil estábamos hablando de las personas incorporales, y MaCa decía que se podía, sin embargo, amar a una persona jurídica. El ejemplo que salió a la luz fue: Amor a la UCV. Varias personas rieron. Pero espero que ahora entiendan lo que es. A mí, por lo menos, me duele  y me indigna que no respeten a mi Alma Mater. Y pues ahí tienen: Amor a una persona incorporal.

Me he dado cuenta que estoy asociando todo a lo que estoy estudiando. El día de ayer mí tía decía que a aquellos que estaban con los disturbios, había que meterlos en una bolsa negra, darles una rumba de palos y dejarlos ahí botados. Que así aprenderían. Y yo de una pensé ¡Derecho Arcaico: Penas sumamente severas para tratar de mantener a una sociedad bajo una misma normativa! Ptu Ptu Pssshh. Nerda, Victoria, sos una nerda.

Durante mis aventuras inglesas, pensé que había mejorado en todas aquellas cuestiones de las relaciones sociales. Que bueno, si, en cierta forma, lo he hecho. Pero no tanto como creía. Esto viene a que en este nuevo año no es que he hecho un zarpazo de amistades. Claro, que no me lo han puesto fácil, lo digo refiriéndome a lo que comenté antes con referencia a control de estudios. Y es que en mi carrera, en teoría, el primer año, uno ve todas las materias con una misma sección, es decir, ves todas tus clases con el mismo grupo de gente.

Pero como a mí me ha tocado inscribirme tarde puesto a que congelé el cupo, me he inscrito el mismo día que los repitientes. Es decir, me han echado a los leones. Me han juntado con toda la escoria (lo siento, gente que repite, no se lo tomen a pecho.) Y me han mezclado entre todo un montón de secciones. Tengo cuatro secciones, y una es incluso en la tarde.

Lo bueno es que tengo la oportunidad de sentir la atmosfera en cada salón. Y no se creen lo diferente que es cada clase. Esta este grupo que llamaremos A, con el que veo Introducción y (una clase a la semana es en grupo con otra clase que llamaremos B). Esta el grupo B, con el que veo Romano I, Economía y esta única clase de Constitucional. Un tercer grupo, C, con el que solo veo Civil. Y el grupo D con el que solo veo Sociología.

·      El grupo A, está lleno de asperezas, ver clases con ellos es de lo más incomodo. Puedes ver las secticas en el salón, como se lanzan puntas entre ellos. Sientes la rivalidad y la poca colaboración que hay. Se siente la enorme diferencia entre ver clases de Constitucional solo con ellos, a verlos en conjunto con la sección B.
·      El grupo B es mucho más abierto, todos se tratan bonito, se saludan y demás. Incluso lo mido en la forma en la que reciben a alguien que no ‘pertenece a la sección’ e.g.: Yo. Varias personas de ese salón me ven y me saludan, tratan de tener una conversación conmigo y demás (aunque yo no sea muy abierta a tener una con ellos) Incluso, en este salón hay una muchacha y otro par de muchachos con potencial de amigos. (si, yo voy midiendo a la gente). He de decir, que veo seguidas clases de Romano luego de la de Constitucional con el grupo A, y sientes como se aligera (¿Esa palabra existe?) el ambiente cuando el grupo A se marcha del salón.
·      Grupo C, diosmio, lleno de montones de gente buena, todos colaboran entre sí, se dan apuntes, comparten información todo el tiempo, se preguntan entre sí, etc. Aparte, también tienen esa iniciativa de aceptar a los peregrinos (de nuevo, Yo). Hay varias personas que me ven y siempre dicen “¡Hola Victoria! ¿Qué tal?” Y yo respondo, sintiéndome asquerosamente culpable de no saber sus nombres. Aun así, solo hay un par de grupos que podrían llegar, en algún momento, a tener potencial de amigos. Lo que más me sorprende, es que sólo veo una clase con ellos, y aún así son super buena nota. Claro, en civil siempre tenemos un chance antes de comenzar la clase, ese chancecillo es crucial para ‘socializar’
·      Y por último, el grupo D. Es en el que más cómoda me siento. Supongo que hay  varios factores que influyen. 1.- Es en la tarde, asumo que la gente después de haber comido, esta mucho mas contenta. 2.- hay varias personas que no son pajuatos recién graduados con ganas de comerse al mundo, son un poco mayores y supongo que eso hace que estén bastante más relajados. 3.- El profesor falta a cada ratp. Desde el primer día, que llovió un poco y llego a veinte minutos de que acabara la clase, dijo: “Ya saben que si llueve, yo llegaré un poco tarde”. Y pues, al profesor no estar, de nuevo, es mucho más fácil ‘socializar’. 4.- Es un grupo que está lleno de gente de varias secciones, no todos ven clases al mismo horario, entonces como estamos todos mezclados, no se hacen grupillos. 5.- Entonces, es de esos grupos que no tienen organización alguna, no hay delegados ni nada por el estilo, y a mí no me den un chance de tomar las riendas, porque las tomo. Entonces, eso he hecho, lo cual me hace sentir, de nuevo, bastante a gusto con el salón. 6.- El profesor es super buena nota, una vez que llega, no le quita al armonía al grupo, sino que le suma. Y todos percibimos eso. 7.- Por último, es en este salón donde único puedo decir que ya tengo de verdad amigos. Dos muchachas que son geniales y un muchacho que también es de lo más agradable. Aparte, hay otras cinco o seis personas con potencial de amigos.

Bueno, no se a que venía todo esto, pero ahí tienen un puño de sandeces de lo que se siente ser yo brincando entre sección y sección.

Como habrán notado, además de mi condición de saltamontes entre sección y sección, soy de lo más fastidiosa a la hora de escoger amistades. Y si a eso le sumas el hecho de que amo estar sola, pues me convierte en el bichito raro jajajajaja.  Aunque la mayoría de la gente me conoce como “la del cabello rojo” y si eso no funciona, “si, la de la corbata” (#TrueStory)

Y ya está bueno de la universidad, ¿A poco no? Pues sí. Hace un par de semanas iba a empezar lo que sería una ‘fructífera rutina de ejercicios’ con una amiga. Y les cuento que de fructífera, tuvo poco. Sucede que no solo quiero bajar unos tres kilos que aun cargo de más  (quiero llegar al 2012 en mis 48 ideales), sino que además necesito de un momento en el día que sea de liberación, de echarme a correr y a liberar asperezas. Claro, con mi amiga no corrimos nada, hicimos 3/4 de vuelta trotando y de resto varias vueltas de caminata apresurada. Pero a mí eso no me sirve, a mí me gusta terminar agotada, y hasta que no me duela el último musculo y ruegue por agua, no seré feliz. Aparte de ello, unir dos horarios no siempre es tan sencillo, siempre están quesi las clases vespertinas, quesi examen el día siguiente quesi esto, quesi lo otro. De nuevo todo el rollo de la universidad que les acabo de echar, pero al cuadrado. He pensado ponerme a hacer ejercicio yo sola, pero joder, como me cuesta tomar la iniciativa de salir a caminar sola. Vamos, que el día que lo haga, ya me acostumbre y se convierte en droga y lo empiezo a hacer a diario, pero salir el primer día, es siempre lo más difícil. Y aún nada que lo he logrado.

Confieso que hay otro tema que me ha tenido un tanto distraída. Y es que como ustedes saben que yo me armo mis melodramas amorosos como solo en una novela saben hacerlo. Bueno, no. Miento. Son más dignos de alguna película de cine independiente.

He hecho un regalo de cumpleaños en el cual me jugaba mucho. Bueno, no tanto, pero si mucho para alguien como yo. Alguien que jamás en su vida expresa sus emociones. Porque no me gusta, porque no me siento cómoda, porque pues creo más en que las acciones hablan por sí solas. Entonces dejé que en este regalo se mezclaran y complementaran entre sí las palabras con las acciones.
a) Y pues en un principio, eran los nervios, de cuándo recibiese el regalo; de cuestionarme si lo que hice estuvo bien, de que no llegaba a tiempo, de que no llegaba jamás.
b) Luego vino la etapa de joder, no llega y él no se mueve; carajito cojonudo, te matare, muévete que ya he arruinado la sorpresa; me tienes que estar jodiendo si has puesto a tu madre a encargarse de eso, me tienes que estar jodiendo, ¡ya va! ¿Tu madre? ¿Y ella que sabe? Que vergüenza, diosmiosantísimo.
c) Después, la etapa final. La has recibido, ahora, dime algo; sigo esperando que al menos digas gracias; está bien, actuemos como que no paso nada, te mandaré este video; pensar: gilipollas, respóndeme, ok, te juro que te odio :) -mentira, pero te mataría-; suicidio cuántico, super interesante; muere, muere, muere; está bien, he comprendido, me voy a la jodida mierda, he cagado todo, me largo, me desaparezco y no sabré más de ti -amo el drama, señores (por si no lo tenían claro hasta ahora)-; ¡CHUPAPOLLAS, ahora que yo he decidido desaparecer, entonces tu apareces, con tus disculpas, aceptando tus metidas de pata y ahora sí agradeciendo, regresas, con la cara bien lavada, no lo puedo creer, no sabrás más de mí.

Vamos, todos sabemos que no sería así. Pero que es que he pasado unas tres semanas de estrés insoportable, de cuestionarme todo, de juzgarme, de… si, de que me he deprimido y me molesta haberme deprimido porque eso deja claro que me importa. Me importa el puto carajito de los cojones y no tendría porqué hacerlo. Y el saber que no me debería importar pero que aún así lo hace, creo que es lo que más me molesta.


He conocido a este nuevo personaje, es bello, sí, bello (he conocido muchos bellos, a decir verdad, pero hablemos de este), y entonces hablo con él, y bueno, pues si me sigue pareciendo bello es que el chamo está bien parado en la vida. Sabe de su broma, es inteligente, cínico y bastante agradable. Bien. Mi frustración llego cuando me he enterado de su único jodido defecto hasta los momentos y que aniquila cualquier posibilidad de tener puntos a favor. ¡Soy dos años mayos que el puto chamin! Eso fue enterarme y decir como ‘aahh.. jaja ehm, si’ y casi darme media vuelta. #FAIL Ahí se los dejo. 


El chico de los ojos verdes ha aparecido en mi vida últimamente. La primera vez que lo he visto me ha entrado un ataque. Si, un ataque. Sentí que el mundo se había detenido y lo único que galopaba era mi corazón. Después de eso, he tenido la oportunidad de hablar con él otras pocas veces, y señores, la universidad me lo ha jodido. Ya no es cínico, su humor negro se ha esfumado, se viste con chemises  (siento que eso está de lo más nichemente escrito) y usa palabras de pavitos asquerosos. Mi bicho raro se ha esfumado. Después de eso, me lo he conseguido esta semana nuevamente, me ha visto a lo lejos y empezó a agitar los brazos cual lunático para que le viese, ya, lo había visto, pero no pensaba ponerme a brincar como él. Confieso que eso ha sido bastante cómico. Y me he dado una palmadita en el hombro cuando después de que nos hemos saludado, con un abrazo digno de medio año de no habernos visto (a mí me ha parecido too much) le he dicho “Voy corriendo, te dejo” y me he despedido con un gesto de mano, dándole la espalda y corriendo. Me di una palmada al hombro cuando me di cuenta de que la tierra seguía girando y que mi corazón no iba más acelerado que lo que implicaba mi paso al andar común. Chico de los ojos verdes, sigues siendo un espécimen digno de museo, pero ya no eres el que eras antes. Adiós.


Y pues creo que este ha sido un recuento bastante general de varias cosas que han sucedido en los últimos meses. Más que por mis pocos lectores, ustedes, querido fieles, lo hago por mí. Porque siento que el tiempo va pasando y pasando y yo no estoy dejando record alguno de nada. Y me gustaría volver en el futuro y recordar cómo me he sentido. Tanto las buenas sensaciones como las peores.

Me retiro en esta noche colmada de irresponsabilidad de estudios. Espero no demorar de nuevo tanto como esta vez para publicar un post algo menos personal y más al interés del público general. Pero confieso que escribir un texto de desahogue me hacia tanta falta como la que me hace una taza de té en este momento. Voy a por ella. Adiós. 

Victoria B.

domingo, octubre 09, 2011

Divagaciones y Conversaciones. (O viceversa)

Hay veces en que solo necesitas que te pregunten para soltar ese palabrerío que te tienes guardado entre pecho y espalda. Y hoy hubo alguien que se tomo la molestia de preguntarme.
Sin que tuviese que preguntar dos veces empecé a contar la base de mis problemas, aunque sin mucho detalle por la falta de confianza, pero ahí estaba yo, diciendo entre líneas mis muchas preocupaciones (Que si a ser honestos vamos, resultan tontas e infantiles). Mientras pensaba en cómo redactar aquellos párrafos en los que explicaba el porqué de esto y de aquello –sin ningunas ganas de hacer parecer estaba bien- me di cuenta de varias cosas, que minutos más tarde fueron tema de debate conmigo misma; otro de esos monólogos que me lanzo tres o cuatro veces por luna.

Cada vez me encierro más en mí misma. He construido una cueva desde la cual me aferro a un mundo que no deja de girar, de dar saltos y de cambiar sin pedirle permiso a aquellos transeúntes que  creen pertenecer a él.
Desde mi cueva hay cosas que se ven más claras, y muchas otras bastante más borrosas. Pero sin lugar a dudas, es una cueva fría y solitaria. He creado un submundo donde no confío en nadie más que en mi misma y esas rocas que me rodean y que me dan un sentimiento de seguridad.
En cuestión de meses he logrado encerrarme, enjaularme de tal manera que pocas cosas tienen sentido al ser narradas (ni vociferadas, ni bien escritas, podrían tener sentido alguno). ¿A quién le va a importar? ¿Qué me van a decir que no me hayan dicho en el pasado? No es por ser sabelotodo. No es porque yo sepa más que nadie y me vayan a repetir lo que ya sé (porque bien sabemos que mis conocimientos sobre 'la vida' son tan escasos como los de una lechuga -¡y vamos con las comparaciones a los vegetales! Son efectivas, lo admito-). Es porque ya me lo han dicho, y si algo sé: es escuchar. Escucho y memorizo. Las palabras se clavan en mi corazón y permanecen ahí tanto tiempo como mis propios pensamientos. Hay palabras que escuecen y hay pensamientos míos que me avergüenzan de si quiera estar ahí.
Porque a mí me resulta vergonzoso estar en esta situación. Una razón más para no hablar de la misma. Porque odio con todas mis fuerzas fallarme a mi misma de la manera que lo he hecho -y sigo haciendo-. Me humillo cual lacayo sin apellido ni vergüenza.
Podría escribir al menos cinco páginas de comentarios de esa índole que he mencionado a otras personas, comentarios y consejos que yo nunca tome en cuenta para mi persona. Pero como de costumbre, soy demasiado testaruda para hacerle caso a nadie, si quiera a mí misma. Es entonces cuando compruebo que sigo siendo una niñita inmadura, que quiere las cosas a su modo, que idealiza mundos imposibles, que espera soluciones que caigan del cielo; pero que sobre todas las cosas, sabe que nada es tan dulce en la realidad como en los sueños. Esta es una ínfima porción de la realidad que si tengo clara.

“No estás sola” deja entender, “siempre habrán amigos para ti”. La cuestión es, querido, que yo no quiero que estén ahí. Yo no quiero estar sola, no, pero tampoco quiero compañía. No espero que nadie lo entienda, pues a mí me cuesta explicarlo de alguna manera que si quiera a mi misma me parezca coherente.
Quiero que estén ahí, pero no quiero hablar de ello. Quiero sentirme acompañada, pero que no me agobien. Quiero compartir mis ideas, pero jamás divulgarlas. Quiero encaminar mis proyectos, pero no tengo bases. Quiero construir esas bases, pero necesito socios. Quiero conseguir esos socios, pero mi voz no es capaz de gritar por su colaboración. Quiero que mi nombre perdure, pero jamás ser mencionada. Quiero estar allá, pero no puedo dejar esto. Quiero gritarlo todo a los cuatro vientos, pero me da pánico que alguien llegue a conocerme de nuevo.
Quiero muchas cosas, demasiadas, y yo soy mi propia enemiga. Voy contra mi viento y mi marea. Hoy, gracias a esta conversación, me he dado cuenta de ello. ¿Haré ahora algo al respecto? ¿O seguiré labrando discursos heroicos en las paredes de mi cueva?
“¿Dejaré a alguien entrar algún día?” Me pregunté luego a mi misma. Después comprendí que estaba tomando, de nuevo, la dirección equivocada. El camino es hacia afuera. Hacia la civilización. Una sociedad llena de gente, algunos me conocen y otra vasta mayoría no, algunos me aprecian, otros me detestan y a muchos otros solo les resulto ‘agradable’, “si, la muchacha del pelo corto que sonríe y habla poco” “La amiga de fulanito/a” dicen otros.
Está de nuevo todo ese inmenso mundo de oportunidades abierto ante mis ojos. Estoy en el eje. Solo tengo que saltar. Estoy ahí, no he empezado nada, aún con 19 años tengo “toda mi vida por delante”, pues no he hecho nada con mi jodida vida. Tengo un millón de decisiones por tomar, de las cuales casi todas serán erróneas y otras pocas me llevarán por aquel camino lleno de enredaderas, pasadizos y tropiezos que sé que voy a amar al tener que atravesar. Porque si bien recordamos, no me gustan las cosas fáciles. Lo fácil me aburre, lo sencillo me desgana, y lo posible me duerme.

Aquí estoy yo, Victoria, una muchachita sumamente infantil de 19 años que vive en su mundo donde todo lo imposible, es su meta a seguir.


I’ve been reading Alice In Wonderland again, and this line Alice said to herself its SOO much like me:
"Good advice. If I listened earlier, I wouldn't be here. But that's just the trouble with me. I give myself very good advice, but I very seldom follow it"
No, certainly I would not be here at all if I'd listened to myself.




Victoria B.

jueves, septiembre 29, 2011

Un Sueño a Distancia.

Siempre es más fácil dar consejos desde afuera del problema. Siempre es más fácil ser objetivo cuando tus sentimientos no están de por medio.

Tengo muchos casos cercanos de amigas que están/quisieran estar/podrían estar en una relación con alguien que vive a miles de kilómetros de ellas. A todas las he dicho que es una estupidez. Nunca volverá a ser lo mismo, necesitas de las experiencias del día a día, el contacto físico con la otra persona, así sea para darles una palmada en la espalda cuando dicen alguna tontería. Una de las cosas más importantes para cualquiera de nosotros, es la comida. Cuando cuadramos ver a alguien, suele haber comida de por medio. Y no poder compartir eso con tu pareja, da muchas limitaciones.

Pues sí, les he dicho que lo dejen hasta ahí, que no tiene sentido si ya no viven cerca. Les he dicho que alguno de los dos terminará saliendo con alguien más. Que saldrán lastimadas. Les he dicho que no se involucren, que no puedes conocer a alguien de quien solo sabes por la 2.0, todos tenemos un lado oculto. A todas les he dicho que esa relación, basada en conversaciones escritas y video-llamadas por skype, no puede funcionar, que lo dejen hasta ahí.

Pero hoy me veo a mi misma, involucrada -lo suficiente como para escribir esto- con alguien con quien no puedo compartir una pizza, a quien no le puedo pegar cada vez que se mete conmigo, con quien los “Muere” nunca tienen el mismo sentimiento que en persona. Y no les cuento de la diferencia de horarios, eso es lo más difícil, eso y las limitaciones del día a día. Y por su puesto también el hecho de que solo podemos hablar cuando los dos estamos en la computadora.

Y sé a ciencia cierta que tendría que parar esto, al menos mis emociones. Porque él está allá y yo aquí, porque no me dejo a mi misma ver otras posibilidades con otros hombres. Porque aún a larga distancia él logró ocupar un puesto que pensé sería difícil de reemplazar. Porque añoro sus besos de tal manera que sería mejor olvidarlos y así no tendría que necesitarlos más nunca.

¿Se han fijado lo necesario que puede ser el poder ver a los ojos a alguien? Directamente, frente a ustedes. Con todos los sentimientos desbordándose en la mirada, y que esa mirada diga todo lo que las palabras no son capaces de expresar. ¿Y se han fijado como aunque podamos ver los ojos de dicha persona en una pantalla de 17pulgadas, nunca, JAMÁS, se sentirá igual?

Mis sueños cada vez son más creativos. Mi mente está convencida de que estamos tan cerca que podríamos vernos todos los días. A veces cree que alguno de los dos está próximo a hacer un viaje, y los reencuentros son dignos de una película.

Pero cuando despierto, la nostalgia es más grande aún. Y la certeza de que es hora de salir corriendo de esta situación se desborda por mis venas… Pero hay una pequeña yo allá adentro que no quiere correr, y que se aferra a este sentimiento. Y resulta que la pequeña Victoria, es más fuerte que todo el exterior de mí misma.

Así que aquí sigo, esperando con ansias volver a tener su nombre en la pantalla de mi computadora.


Victoria B.